Contratos de cooperación en tiempos de globalización.

Hoy en día la globalización  y las nuevas formas de trabajo han hecho que manejar  vínculos estrechos en las relaciones, tanto empresariales  como  en las relaciones laborales,  sean menos frecuentes. Los grandes emprendimientos como las famosas empresas  Uber o  Rappi,  han roto barreras que el derecho laboral consideraba indiscutibles.  Ejemplo: horarios definidos y la subordinación, elementos que claramente en ninguna de estas plataformas se cumplen. Definitivamente estamos ante una segunda revolución laboral a favor del trabajador y  del empresario, donde la relación entre  ellos es cada vez más independiente, caracterizada por la la sistematización de las fábricas  y la realidad de los robots. Estamos ante el posible fin del contrato de trabajo actualmente establecido.  En este sentido hablaremos de que tan necesario es constituir sociedades comerciales pues el  futuro trae unas relaciones comerciales, laborales y sociales mucho más dinámicas.

 

En el régimen contractual del Código de Comercio los contratos de cooperación permiten asociar personas para explotar un determinado objeto social, sin la necesidad de quedar vinculadas, como  lo hace el contrato social.

 

Los  contratos mencionados son: Contrato de cuentas de participación, consorcios y el de joint venture que tienen la característica de no crear una persona jurídica, es decir, no crea un sujeto de derechos del  que habla  el contrato social o contrato de sociedad que sí tiene todos los atributos de la personalidad jurídica como son: nacionalidad, nombre, capacidad  y domicilio.

 

El primero de los contratos de cooperación es el contrato de cuentas en participación, mediante el cual dos  o más comerciantes  acuerdan  que uno de los vinculados  desarrollará una o varias actividades económicas que serán ejecutadas solo por él, quien responderá frente a los demás  con cargo de rendir cuentas y dividir las ganancias o pérdidas, en la proporción acordada. Este contrato, regulado por el artículo 507 y siguientes del Código de Comercio, se caracteriza porque carece de  ánimo societatis (interés de crear una sociedad comercial), no forma un patrimonio común y ni una persona jurídica. También se caracteriza porque entre los vinculados solo  hay 1 comerciante, que responde frente a terceros y los  otros  interesados deben entregar un aporte para el desarrollo de esa actividad comercial. El contrato de  cuentas en participación  terminará  una vez se haya ejecutado el  objeto del contrato o por la muerte o liquidación del participe activo (quien responde frente a terceros) o participe oculto (quien no responde frente a terceros).

 

Hay que mencionar también el contrato de “ joint venture”. Es un contrato atípico, es decir, que no se encuentra regulado por la normatividad colombiana ni la jurisprudencia, pero  es  costumbre  en los negocios comerciales. Se ha definido como  una relación  o asociación de personas que buscan utilidades en una empresa específica, es decir, realizando un solo negocio o proyecto,  sin  crear una persona jurídica. En el ámbito comercial  esta clase de contratos se usan como modo de evitar las fusiones societarias. Los joint ventures  se caracterizan  por los aportes de  dinero, bienes, trabajo etc  para generar porcentajes de participación a cada uno de los  asociados. A diferencia de los de participación, los  participes de los joint ventures manejan conjuntamente el negocio. Estos contratos se terminan una vez finalizado el proyecto o por el vencimiento del plazo o por insolvencia de una de las partes o por el incumplimiento grave de obligaciones contractuales.

 

 

Finalmente los consorcios. Se dan especialmente en la contratación de los proyectos del Estado y también son celebrados en el ámbito de importantes proyectos empresariales. Los famosos consorcios  evidentemente  están estructurados para la realización de  proyectos  entre sociedades comerciales o comerciantes con grandes capitales. El consorcio es aquel contrato privado,  celebrado entre personas naturales o jurídicas, con el fin de ejecutar  un contrato de mayor envergadura y complejidad, acuerdo que genera una relación jurídica entre los concertantes. Este tipo de acuerdos contractuales se caracterizan porque no generan un ánimo societatis, pero sí buscan entrar en procesos licitatorios con particulares o con el Estado  y generalmente proponen ofertas de ejecución  de obras. En los contratos  de  consorcio o uniones temporales, cada uno de los concertantes responde de manera solidaria por el cumplimiento total de la propuesta y sus participaciones estarán definidas en la estructuración del contrato. Cabe resaltar  que aunque no hay animo societatis, el consorcio debe tener un Número de Identificación Tributaria para responder al fisco. Al igual que los anteriores el consorcio terminará una vez realizado el negocio jurídico o la obra pública o privada para el cual fue estructurado.

 

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