La adopción.

Tomar la decisión de adoptar un niño o niña debe ser una de las decisiones más importantes y responsables en la vida  de los adultos que deseen principalmente poder ofrecerle a ese menor un hogar estable y seguro, para que  se pueda desarrollar física, mental y emocionalmente, rodeado de la comprensión y del   amor de una familia.

La Adopción es un acto jurídico por el cual se establece un vínculo de paternidad y/o maternidad, generalmente con un infante, bajo la suprema dirección de El Estado. Se entiende la adopción como una medida de protección al menor y por medio de ese proceso se establece una relación paterno-filial, entre personas que no tienen ese vínculo por naturaleza, dándole  a ese menor la calidad de hijo con todos sus derechos y deberes. Ese vínculo  familiar se extiende no solo a los adoptantes sino a todas las líneas y grados de sus parientes consanguíneos o afines.  El parentesco civil o legal es irrenunciable y el hijo adquiere por este hecho todos los beneficios de un hijo natural empezando por el apellido familiar.

Este acto permite que personas que no son padres o madres por naturaleza lleguen a serlo y experimenten los gozos de conformar una familia, pero ese NO es el objetivo prioritario de la adopción, sino “proteger al menor de la mejor manera para sus intereses, garantizándole sus derechos”. Artículo 44 de la Carta, sentencia C-814/01, 2 de Agosto de 2.001- Magistrado Marco Genaro Monroy Cabra.

Todos los términos de La Adopción están relacionados en los artículos del 61 a 78 y 124 a 128 de El Código de Infancia y Adolescencia.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar es el órgano del Estado o autoridad central en esta materia, encargado de vigilar, proteger y garantizar a los menores en proceso de adopción, que encontrarán para ellos un hogar  en donde puedan desarrollarse armónica e integralmente. Solamente el ICBF y las Instituciones autorizadas por él, pueden desarrollar estos programas.

El Defensor de Familia es quien declara a un menor en estado de abandono, lo que permite que pueda ser considerado apto para entrar al proceso de adopción. Solo podrán adoptarse a menores de 18 años declarados en situación de abandono o aquellos cuyos padres hayan consentido previamente que los entregan para que sean adoptados. Ese consentimiento debe ser libre, voluntario e informado sobre las consecuencias jurídicas y psicosociales que conlleva y se considerará como apropiado cuando se manifiesta por lo menos un mes después del parto,  pero podrán revocarlo dentro de los 30 días siguientes a haberlo manifestado.

No tendrá por lo tanto validez, el consentimiento otorgado para la adopción de un hijo que está por nacer.

Al ser adoptado un menor se rompen los vínculos con su familia de origen y pasa a ser miembro activo de su nueva familia.

Los principales requisitos para poder adoptar son: Ser mayor de 25 años, pero no ser mayor de 60 años. Tener por lo menos 15 años más que el adoptable. Dar garantías de idoneidad física, mental, moral y social suficiente para ofrecer el entorno familiar adecuado, seguro y estable a ese menor que se desea adoptar. Certificar, con vigencia menor a seis meses, que se está en plena capacidad mental y física para ejercer el rol de padre o madre que desea  y no ser tutor previo del adoptado.

El Código de la Infancia y Adolescencia – Ley 1098 de 2.006 – lleva veinte años garantizando los derechos de las niñas, niños y adolescentes sobre los cuales hablaremos en próxima oportunidad.